El economizador de un generador de vapor es un equipo de intercambio térmico diseñado específicamente para mejorar la eficiencia energética de las calderas. Se instala en el conducto de gases de combustión, en el principio de la chimenea, y su función principal es recuperar el calor residual de los gases de escape generados durante la operación. Se incrementa la eficiencia global del sistema de caldera, contribuyendo sobre todo a un ahorro energético y a la reducción de emisiones contaminantes.
El economizador permite transferir el calor contenido en los humos a alta temperatura al agua de alimentación de la caldera mediante un dispositivo interno de intercambio de calor, logrando así el precalentamiento del agua. La temperatura del agua de alimentación precalentada se aproxima a la temperatura de operación requerida por la caldera, lo que reduce de forma significativa el consumo de combustible necesario para elevar el agua hasta dicha temperatura. La incorporación de un economizador no solo permite reducir el consumo energético y los costes de producción, sino que también contribuye al cumplimiento de los objetivos de eficiencia energética, reducción de emisiones y protección medioambiental, siendo un componente esencial en los sistemas de calderas modernas.
El principio de funcionamiento del economizador de la caldera se basa principalmente en tres aspectos: la recuperación de calor, el aprovechamiento del gradiente térmico y el mecanismo de transferencia de calor.
En primer lugar, mediante la recuperación de calor, los gases de combustión a alta temperatura generados durante el proceso de combustión atraviesan el economizador, donde el calor residual es absorbido por el intercambiador térmico y transferido al agua de alimentación de la caldera, produciendo su precalentamiento. Este proceso reduce de manera notable la cantidad de combustible necesaria para continuar calentando el agua en la caldera.
En segundo lugar, el economizador aprovecha la diferencia de temperatura existente entre los gases de combustión y el agua de alimentación para lograr un intercambio térmico eficiente. Habitualmente, la temperatura de los gases de combustión se sitúa entre 180 y 250°C, mientras que la del agua de alimentación oscila normalmente entre 20 y 80 °C. Esta significativa diferencia térmica favorece la transferencia de calor y permite incrementar eficazmente la temperatura del agua de alimentación.
Por último, la transferencia de calor se realiza mediante intercambiadores de tipo carcasa y tubos o de placas, en los cuales la energía térmica contenida en los gases de combustión se transfiere al agua de alimentación a menor temperatura a través de superficies de intercambio de alta eficiencia. De esta forma, se optimiza el aprovechamiento energético y se incrementa la eficiencia térmica global del sistema.

